miércoles, 17 de agosto de 2022

LA MOURA

 

Aquel era un día de niebla en el monte. Se puso a lloviznar mientras me acercaba al dolmen con una azada sobre el hombro. La gente dice que soy un iluso, que bajo el dolmen no hay nada. Mi padre siempre me contó que allí habitaba una moura bella y rica. Y yo le creo, es mi padre. Llevaba la ropa mojada y pegada al cuerpo mientras subía el montículo de tierra. Tenía un gran trabajo por delante. Me pasé la mano por la frente para retirar el pelo mojado de la cara. Sacaría todo el oro que pudiera cargar en aquella vieja mochila del colegio.

Me coloqué en la cima del montículo, me remangué y me puse a cavar. Al poco rato la azada chocó con algo duro y se escuchó un sonido metálico. Me arrodillé y aparté la tierra suelta. Había una piedra de granito, menuda faena. Cavé un poco más a los lados del primer hoyuelo, pero la piedra era grande.

Después de un duro trabajo vi la piedra completa, era como una tapadera y era grandísima. No podría yo solo con ella. Decidí volver a casa y decirle a mi padre que volviera conmigo. Es un hombre fuerte y seguro que podía removerla. Recogí la azada y la mochila y me dispuse a regresar a casa.

Al darme media vuelta una mano sujetó mi hombro y me volteé. Casi doy un grito entre asustado y sorprendido. Tenía ante mi la propietaria de aquel dolmen.

¿Qué pretendías hacer, jovencito? me dijo. No contesté del miedo que me entró. Se había dado cuenta que pretendía robarle su tesoro.

Muy mal hecho prosiguió con voz afectada. ¿Acaso pretendías robarle a una pobre dama?

Noo… señora.

Aún por encima eres un mentiroso. Pero vamos a ver lo que se puede hacer.

Era una mujer hermosa, joven y alta, de cabellos largos y rubios. Sus ojos eran azules como el cielo de verano y vestía con unas largas ropas de color blanco. Llevaba una diadema dorada y las manos llenas de anillos de oro y pulseras. Al cuello llevaba un torques de oro que debía ser muy pesado de lo gordo que era. No podía estar pasándome a mi, ¿qué me dirán “el Chocolates”, “el Xocas” y mi primo Roy?

Vente conmigo me dijo. Me agarró de la mano y la seguí sin titubear. Estaba fascinado.

En un abrir y cerrar de ojos me encontraba dentro del dolmen. Era una residencia fastuosa, llena de telas de otros países, sofás con cojines de pieles de tigre y los objetos eran de oro.

¿Te gusta? me preguntó.

¡Oh, sí! Me gusta mucho respondí. ¿Cuántos años tienes?

Mmmmm ¿Y por qué lo quieres saber, muchachito?

Nada de muchachito, ya soy un hombre. Te lo pregunto porque parece que tienes una edad cercana a la mía, ¿no?

La mujer se echó a reír con gran estrépito. “Quedé como un idiota”, pensé.

No podría decirte, hombrecito. Son muchísimos, más de mil.

¿Acaso crees que soy un tonto? Ese cuerpo y esa piel no es de una vieja dije viéndola de arriba abajo.

Soy una moura



. Vivimos miles de años. Este dolmen es mi casa desde el año diez mil antes de la era común.

¡Qué bah! No te creo. Mis amigos no podrán creérmelo tampoco cuándo se lo diga.

Cuéntame, ¿qué pretendías hacer con mi oro?me preguntó.

No sé. Quería vivir una aventura con mis amigos.

Pide tu deseo y te será concedido, a pesar de intentar robarme como un bandido.

Sentí que se abría una puerta y entró un hombre. Era como la moura, alto, delgado, tenía el pelo largo y rubio, ojos azules y traía un arco con flechas.

¿Quién es este, Yulisse? preguntó con voz grave y poniendo una flecha en el arco. ¿Cómo te atreves a traer un humano a nuestra humilde morada?

Solamente es un niño humano, no entraña peligro dijo Yulisse haciendo que el hombre metiera la flecha en el carcaj a su espalda.

Quiero irme le dije. Ella me agarró por un brazo y me detuvo.

Aún no has pedido tu deseo dijo engatusadora.

Algo en mi interior me decía que la cosa podía terminar mal e intenté irme, pero no sabía por donde salir de aquel dolmen. Estaba asustado y le rogué para que me sacara de allí.

Andrive, este es un vulgar ladronzuelo que quería robarnos le dijo al hombre. Pero déjalo de mi cuenta. Le voy a enseñar una lección que nunca olvidará.

Yulisse movió las manos de forma extraña y la casa se llenó de sombras cada vez más densas. Me vi arrastrado por un remolino hacia alguna parte. Perdí el conocimiento.

Cuando volví en mi me encontraba en un lugar húmedo y oscuro. Era como una gran sala que se movía. Anduve a tientas y encontré varias cosas, como si fueran cuerpos de animales. Algunos tenían pelo y fauces. Muertos y despedazados, así acabaría yo en breve. Estaba muy angustiado, ¿qué podía ser aquella caverna?

Cuándo me calmé pude escuchar el latido de un corazón que no era el mío. Era un sonido rítmico y profundo, como si ese corazón fuera muy grande. La sala seguía moviéndose arrastrando los restos de animales hacia un agujero al fondo. El olor era pestilente. Escuché un sonido como cuando se te mueven las tripas, una respiración y un movimiento. ¡Oh, Dios mío! ¿Estaba en la panza de algún animal?¿Cómo acabé allí? Ah, si. La la moura quiso castigarme y me envió al estómago de algún bicho. Pensé que me moriría allí y todo habría terminado. Lloré tanto pensando en mamá y papá... Quería tanto estar con ellos.

¡Moura, sácame de aquí! ¡Te prometo que nunca más me acercaré a ese dolmen! ¡Sácame de aquí, por favor! ¡Quiero volver con mi madre! gritaba y solamente escuchaba mi eco. Me eché en el suelo y seguí llorando, temblando de miedo.

De pronto noté gran estrépito. Era como si ese animal se moviera de forma inusual, y su panza también se movía.

¡Socorroooo!

Me agarré bien a algo que había en la pared mientras el animal se movía. Se escuchaba su fuerte respiración, como si soplara. Al poco tiempo apareció la punta de una espada y se hizo la luz. Pude ver por la abertura que dejó. El animal se revolvió violentamente. Un soldado llevaba una espada y luchaba contra el animal que me alojaba. Intenté escapar por esa abertura pero un movimiento brusco me llevó hacia el final de la cueva. Me agarré e intenté salir de nuevo por la abertura.

Cuándo tenía medio cuerpo fuera pude ver el espantoso espectáculo. Estaba en la barriga de un dragón. Finalmente, caí a tierra y corrí hacia unas piedras para esconderme de la bestia. El soldado de la espada luchaba valientemente contra el dragón, que expulsaba fuego por sus fauces como si fuera un lanzallamas, quemando toda la vegetación a su alrededor.

El soldado dio una fuerte estocada contra el vientre del animal abriéndole otra brecha. Se acercó un poco más esquivando el fuego y acertó en el corazón.

Siiiiiii grité triunfal como si hubiera sido yo el de la espada.

Entonces, el dragón perdió su forma habitual y se fue empequeñeciendo. Al final de su transformación había una mujer vestida de blanco en el suelo.

Sobre una gran águila llegó el hombre del arco como si fuera un caballo alado. Paró junto al cuerpo de la moura, la echó encima del águila y se fue a través del cielo.

En ese momento, la ilusión desapareció un una nube de humo y me encontré empapado y tirado en la tierra que rodea al dolmen. Tenía la azada y la mochila a mi lado. Observé mi cuerpo y el lugar poco a poco. Me levanté, cogí mis cosas y eché a correr hacia casa. Seguía teniendo miedo. No paré hasta que entré por la puerta y abracé a mi madre.

Nunca nadie me creyó, ni mis padres ni mis amigos, pero juro que eso fue lo que me pasó. Maravilloso y aterrador. Pero confío que alguno de los lectores me crea porque alguien más pudo pasar por otra aventura increíble.

Ella me dijo que tenía miles de años, pero ¿habrá muerto de verdad o seguirá viviendo eternamente?


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