jueves, 30 de enero de 2025

LA MALDICIÓN

 

Declaración del acusado:


Juro por Allah, glorificado sea, que he visto a Mariam, la madre de Isa, parir bajo la palmera. Y doy este testimonio para que todo el mundo sepa que todo lo que aconteció fue real.

Salí de mi casa, a pesar del calor agotador que hace en Dammam, y me encaminé hacia la huerta de palmeras que tengo en el desierto de las afueras, en Saihat. Allí tengo una granja, bueno, lo que mi tribu llama granja: una cabaña rodeada de palmeras.

El buen rey Khalid As-Saud me concedió un dinero para abrirla a las afueras de Dammam. Con ese dinero planté doce hectáreas de palmeras datileras que dan buen fruto, glorificado y exaltado sea Allah. Viví cierto tiempo en la ciudad militar King Khalid y fui militar de alto rango... pero eso no viene al caso.

El caso es que me hizo falta regar las palmeras y para ello abrí un pozo enorme, que da agua para abastecer a toda Arabia Saudí. Aquí nunca falta agua, sobretodo después de ver a Mariam, las bendiciones de Allah y la paz sean con ella y su descendencia. Allí, a la boca del pozo vi a Mariam, la paz y las bendiciones sean con ella, todavía embarazada. Me arrodillé ante ella y le pedí por la hacienda, a modo de los cristianos, porque ellos creen y la veneran mucho, aunque ya sé que aquí eso es haram.

Las palmeras crecieron en salud y alegría, y el pozo no paraba de dar agua. En la temporada de los dátiles, mis hijos y yo trepábamos por los curvados tallos de las palmeras mientras las mujeres se quedaban abajo para recogerlos. Mucho dinero hice yo, glorificado y exaltado sea Allah. Tanto, a saber, que he mandado construir una mansión en Dammam y otra en Bahréin, nada más cruzar el puente. Fíjese que la Región del Norte es toda mía, donde mandé construir un montón de apartamentos y resorts para los turistas. Con el tiempo, mandé construir grandes rascacielos, con la intención de llegar, precisamente, al cielo y crié caballos, muchos caballos de raza pura árabe.

El mismísimo emir de Bahréin me compró muchos de mis caballos. Decía que eran los mejores de todo el reino, del próspero reino de Arabia Saudí.

Con el dinero de los caballos pude comprarme más parcelas para plantar palmeras datileras hasta que sembré medio país con ellas. De hecho, todos los oasis de Arabia Saudí, jardines y demás, fueron hechos con palmeras de las mías, pura raza, dan mucho fruto (por si alguien quiere comprar). A las puertas de mi casa llegaban reyes, emires y sultanes para comprar caballos y palmeras.

Crucé caballos con bestias, con la finalidad de hacer cabalgaduras misteriosas, como la que llevó al profeta Muhammad, las bendiciones y la paz sean con él, hasta la Cúpula de la Roca y la mezquita Al-Aqsa en una sola noche. He conseguido un ejemplar excepcional, el cual podía cabalgar tan rápido como para llegar de Dammam a Yedda en tan solo dos días, desafiando las arenas del desierto (por si alguien quiere comprar). Y los reyes de todo el mundo comenzaron a aparecer en la puerta de mi casa. Esa sí que es vida.

Podría dedicarme a bitcoin, vender cursos de trading y cosas de este estilo. Tengo dos carreras en economía y un máster. Supongo que se me dará bien, pero el negocio de los caballos y las palmeras dan mayor capital, además de grandes influencias, y todo eso gracias a Allah, exaltado y bendito sea.

Sin embargo, una noche escuché ruidos en el palmeral, al lado de la cabaña, así que cogí mi escopeta, se que lo de las armas es un asunto serio en Arabia Saudí, así que mi arma era totalmente legal. Es una escopeta muy bonita, con un grabado de un águila en un costado. Creo que ya era de mi padre, o quizás la conseguí mientras vivía en la ciudad militar de King Khalid.

Salí de la casa procurando no hacer ruido, todo el mundo sabe que los ladrones tienen el oído muy fino. Al fondo vi una especie de luz que iluminaba todo el palmeral, supuse que serían sus antorchas. Además estaban asistidos de drones que iluminaban la escena desde arriba. Me quedé asombrado con la tecnología que se gastaban. Agudicé la vista para ver si los ladrones subían por las palmeras, inclinadas, sin embargo, lo que vi me dejó frito, señor.

Debajo de una palmera había una señora, muy gorda y muy iluminada. Parecía Mariam, la madre de Isa, las bendiciones y la paz sean con ella. Se agachó bajo la palmera como si fuera a orinar. Estaba en dudas, pues Mariam solo parió una vez y después de tantos años ... Coloqué la escopeta sobre mi hombro y disparé. Pam, pam. Solo podía ser una farsante, mira que hacerse pasar por Mariam ...

Sin embargo, a pesar de haber disparado, la mujer dirigió su vista hacia mi y con pudor se tapó sus partes. Yo también cerré los ojos, se que es haram ver esas cosas. Cuando los volví a abrir tenía un niño sonriente en sus brazos, pero ella estaba muy triste. Se dirigió a mi con el niño en su regazo y la reconocí. ¡Era ella, era Mariam! Caí de rodillas al suelo en actitud de súplica, y ella me dijo: te bendecí con el agua del pozo, pero nunca pensé que llegarías a intentar matarme. Sabes que no moriré nunca, pues ya soy residente en el cielo. Además, has tenido el coraje de verme las partes de mujer mientras paría, así que solo por eso te maldeciré. Perderás todo lo que has ganado y la policía te atrapará y te hará declarar en un juzgado por todo lo que has visto y oído. Cuando ese momento llegue, tienes que decir que me has visto a mi, parir bajo tus palmeras. Acepta tu destino.

Solo ahora he podido comprender lo que ella quería decir. Y por eso estoy ahora testificando y dando fe de que he visto parir a Mariam, las bendiciones y la paz sean sobre ella, y a su hijo, el profeta Isa, las bendiciones y la paz sean con él, en sus brazos que también habló y me maldijo.


Firmado: Abdul Hassan Al-Marcazí

miércoles, 29 de enero de 2025

LLEGAN LAS AURORAS BOREALES A ESPAÑA

 


Llegan las auroras boreales a España

14-05-2024

Agencia E.fresh


El 28 de agosto de 1859 comenzaron a verse auroras boreales en los cielos. Este acontecimiento no sería extraño si fuese observado en latitudes polares, pero no fue así. En los cielos de todo el planeta comenzaron a manifestarse auroras, hasta en zonas de latitud media como Madrid, Roma; e incluso en Santiago de Chile, La Habana, el norte de Colombia y Australia. Pocos días más tarde, en la mañana del 1 de septiembre, el astrónomo inglés Richard Carrington observó una luz blanca en la superficie del sol. Tomó su telescopio y apuntó hacia el cielo desde el jardín de su casa, en Londres, para estudiar las manchas solares. En ese preciso momento, el astrónomo vio dos enormes llamaradas de luz blanca que despidieron una energía equivalente a 10000 millones de bombas atómicas. Cinco minutos después, nada más. Sin embargo, 17 horas más tarde se percibirían las serias consecuencias de aquello en el planeta. Fue la tormenta geomagnética más violenta registrada en los últimos 500 años. Todas las lineas de telégrafo sucumbieron debido a la sobrecarga de electricidad en la atmósfera durante 14 horas. La luz de las auroras boreales era tan intensa que algunas personas podían leer sin la ayuda de luz eléctrica pasada la media noche, según informó el medio Weekly West.

En el siglo XXI, la tormenta geomagnética sucedió entre el 10 y el 12 de mayo del año corriente. Han sido observadas desde España las maravillosas e intensas auroras boreales, retratadas en millones de imágenes en todo el mundo. Sin embargo, existe una gran preocupación por las tormentas geomagnéticas, dado que nuestras comunicaciones y satélites son extremadamente vulnerables a este tipo de acontecimientos, como ya ha pasado con el telégrafo en su día. En España ya comenzaron a verse serias consecuencias de estas tormentas. Sin ir más lejos, el señor Khalid A. sucumbió a la tormenta geomagnética sobre los días 11 y 12 del mes en curso. La última vez que ha sido visto ha sido en torno a la ciudad de Barcelona. Todavía no ha sido localizado ni se tienen noticias de si ha recibido algún tipo de daño irreversible. El Ejército del Aire y del Espacio hacen guardia en la base de Torrejón de Ardoz (Madrid) las veinticuatro horas del día por si es localizado y hay que salir a rescatarlo. Tanto policía nacional y bomberos ya están al tanto del misterioso asunto ampliando su círculo de observación a toda España.

Actualización: El día 6 de junio del año en curso también se pudieron observar las auroras boreales desde terreno español. Dado que este día es el cumpleaños del desaparecido Khalid A., ¿no es una auténtica casualidad? Todos los servicios de rescate siguen en guardia. Por favor, si alguien lo ve, contacte con los servicios externos de la agencia ¿QUIÉN SABE NADA S.L.?

CÁSATE CONMIGO

 



Sábado 14 de febrero 1919

Annecy a orillas del lago , Suiza

17:30

Por fin llegas… Llevo media hora esperándote.

No seas insistente, Frank, cabeza cuadrada.

Yo no tengo la cabeza cuadrada.

¿Y bien…? ¿Para que querías verme con tanta insistencia?

Para estar contigo… simplemente.

Ah, ya… Pues hacía mucho tiempo, la verdad… ¡Desde esta misma mañana!

Ya, pero… Tengo algo importante qué decirte.

¿Vuelves a Francfort?

Debo regresar… es lo mejor. Tengo que acabar la carrera para ponerme a trabajar… ya sabes.

¿Y por qué no la acabas aquí?

Aquí no puedo hacer la especialidad que quiero. Tengo que ir a Kiel, es la facultad más prestigiosa…

Bla bla bla… ¿Por qué tienes que ir allí? Seguramente estará todo destruido por la guerra.

Ya… pero… Mi padre insiste y he de obedecerle… Lo que pasa es que… antes de…

¡Oh, Frank! ¿Qué es eso?

Quería pues… Sentémonos allí… Yo quería pedirte que…

¡Oh, no puedo creerlo! ¿Es verdad o estoy soñando? ¡Pedazo de diamante!

Quiero pedirte que vengas conmigo. Quiero que…

Oh, Frank, es mejor que nos casemos aquí.

¿Entonces tu respuesta… tu respuesta es si?

Depende… Yo no quiero ir a ese país tuyo, feo y frío.

Cómo si aquí no hiciera frio… Pero no te preocupes, mi familia está bien posicionada y seguro que viviremos bien. Además, cuando sea médico…

Ni hablar… Yo no quiero irme de aquí… echaría de menos este lago, los Alpes y, por supuesto mi familia.

Elisa…

No, Frank…

―… entonces…

Entonces quédate.

Sabes que no…

¿Y tu familia sabe que quieres casarte con una mujer que no es judía?

Tú te convertirías… ¿Verdad? ¿No dices que tú no crees en nada? Pues…

¿Para qué entonces? Yo no creo en nada así que no voy a hacer un paripé.

Por mis padres, más que nada… Sabes que la madre de mis hijos tiene que ser judía… ¿Y qué importa si practicas o no? Nadie tiene por qué saberlo.

Pues eso… si nadie tiene por qué saberlo… Bah, ¿no estás ya un poco grande para obedecer en todo a tu padre?

Es que…

Mira, Frank, sabes que yo te quiero muchísimo y que todo este tiempo hemos estado muy bien juntos, pero lo de irme para tu país destrozado no me tienta en absoluto. Además, tu padre tiene pinta de ser un dictadorzuelo… y tú

¡¿Le has dicho a tu padre que soy judío…?!

Después de lo de Dreyfus… ¡Por supuesto que no! Qué cosas dices… Pero como tú no practicas tu religión nadie tiene por qué saberlo. ¿No? Solamente tendrías que hacer el paripé yendo de vez en cuando a la iglesia. Y por supuesto, cambiar tu apellido porque ese que tienes es muy…

Ya… Así que tú no quieres… Vale… Devuélvemelo…

Ay, Frank, querido… es que yo…

Devuélvemelo…

¿Y qué harás sin mi?…

No lo sé…

¿Ves? Sin mi no puedes hacer nada… Es mejor que te quedes. Acaba tu carrera en Francia, cambia el apellido y ya está. Es muy fácil.

¿Y qué apellido me voy a poner…? No… Tengo que regresar con mi familia y estudiar en Kiel.

Frank, cabeza cuadrada. Toma… aquí tienes… Hala, vete, a mi nunca me ha de faltar un hombre con el qué estar… Sin embargo tú…

Espera, mujer… Entra en razón…

No, no… vete… Y no me sigas…

Podemos arreglarlo, no te vayas…

Frank, ¿qué quieres?

Podremos casarnos aquí si quieres… pero en algún momento tengo que regresar con mi familia. Pero es necesario que… para que mis hijos sean judíos…

No, Frank. Yo no voy a hacer esa tontería. Tú eres muy majo, pero los de tu raza…

Entonces… ¿En todo este tiempo nunca…?

Claro que si, hay pocos hombres como tú… Ya sabes, guapos… con dinero… exóticos…

Entonces… cásate conmigo… Te juro que conmigo nunca te va a faltar de nada.

Que no, Frank… Aún estoy en edad de encontrar hombres mejores…

Está bien… Me quedaré. Pero…

Pero nada, te conviertes al cristianismo y listo. Por cierto, antes de que mi padre se entere…

Está bien, pero… ¿Qué le digo a mi padre?

Dile que me llamo Ester, que estoy embarazada, que necesitas dinero cada mes para estudiar y mantener a tu familia, que la vida aquí está muy cara.


ROBO INESPERADO

 



La parpadeante luz anaranjada de una lámpara antigua brillaba sobre un tapete verde de terciopelo en una esquina de una mesa de cedro. André terminó de escribir la carta, dobló el papel en cuatro, lentamente, y lo metió en un sobre con el membrete del hotel Ritz. “Para mi editor”, escribió con caligrafía cuidada antes de cerrar la pluma. Levantó la vista para ver el reloj en la pared: medianoche. Con un suspiro se levantó, con fatiga, de la silla del escritorio, apagó la lámpara tirando del cordel y se encaminó al perchero para tomar su abrigo. Después de haberse calzado la gorra, salió a la calle con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos.

Hacía frío, el vaho salía de su boca a cada respiración sibilante. Las calles olían a la madera quemada de las chimeneas. Metió las manos en los bolsillos y se encaminó, sin prisa, hacia Pont des Arts. Sus pasos resonaban en las pétreas y solitarias calles de París, los gatos, que merodeaban alrededor de los contenedores de basura, se escondían de él.

—¡Alto!

Sorprendido, pegó un salto y se dio la vuelta. Frente a él había un hombre de rostro curtido y barba de unos días.

―Las manos en alto, viejo.

André levantó las manos, pero las bajó enseguida. Le dolían los hombros de la artrosis y, además, se sentía ridículo.

—Viejo, te he dicho que las manos en alto.

Notó el cañón de la pistola sobre su pecho mientras el hombre hurgaba en sus bolsillos.

―¿Qué más da? Ya no tengo nada ―soltó.

―¿Acaso no temes por tu vida? ¡Mire que te mato, eh! ¡Te mato!

El ladrón y André cruzaron una mirada y el cañón de la pistola comenzó a temblar.

—Máteme, si es un hombre ―dijo André, encogiéndose de hombros―. Para lo que me queda…

El ladrón bajó la pistola hacia el suelo. André tosió con fatiga y la respiración sibilante regresó a su pecho.

―Soy ladrón, no asesino. Y menos voy a matar yo un anciano…

—Le he dicho que no llevo nada encima, salvo… —André se llevó las manos al bolsillo y sacó la llave de su habitación en el Ritz —, esto.

—Mierda ―dijo el ladrón mientras escupía en el suelo―. Otra noche que no pesco nada.

Sin embargo, arrebató la tarjeta de la mano de André, y la observó: RITZ E404.

—Así que el viejo se da a los lujos, ¿eh?

André se encogió de hombros y comenzó a andar en dirección al Sena.

―Ya no tengo nada qué perder ―replicó―. Por cierto, he de pedirle un pequeño favor. Entregue el sobre que hay sobre el escritorio al conserje. Después, haga lo que le pete.

―Espera un momento, viejo. ¿Te estás quedando conmigo?

―Tómelo como quiera.

El ladrón levantó de nuevo la pistola y volvió a encañonar a André mientras se alejaba. Miraba por la pequeña mirilla y apuntó hacia la gorra que ocultaba la blanca cabeza del anciano, pero volvió a bajar el arma. Lo siguió durante un rato, con curiosidad.

André llegó a Pont des Arts, caminó unos pocos metros puente adentro, se agachó y acarició un pequeño candado dorado, desgastado y carcomido por el tiempo. Después de unos segundos, oteó hacia las oscuras aguas del río e intentó subirse a la barandilla alzando la pierna para apoyar el pie entre una multitud de candados.

―¡Eh, viejo! ¿Pero…, qué haces? ―dijo el ladrón, corriendo hacia él.

―¿Todavía sigue usted ahí? ―replicó André―. No le importa lo que yo haga.

El ladrón agarró a André por el brazo.

―Por favor, no lo hagas. ¿Te has vuelto loco?

André no respondió y volvió a meter las manos en los bolsillos del abrigo.

―¡Suélteme!

―De eso nada. Tú te vienes conmigo.

El ladrón tiró del brazo de André hacia sí. Las oscuras aguas del sena reflejaban a luz mortecina de las farolas.

―¡Que me suelte! A usted no le va ni le viene.

El ladrón meneó la cabeza. André volvió a toser.

―No puedo permitir que te mates delante mía.

―Eso tiene fácil solución. Váyase.

―¿Qué va a pensar tu familia, tus amigos…? Piensa en tus hijos, en tus nietos…

André se encogió de hombros y enjugo una lágrima.

―Nadie va a pensar nada. Ahora, déjeme en paz.

―Ya veo…

El ladrón se dio la vuelta y comenzó a caminar despacio. André regresó sus ojos a las oscuras y silenciosas aguas del río. De pronto, el ladrón se dio la vuelta.

―Tengo una idea. No puedo dejarte aquí, así.

André apoyó los brazos en la barandilla del puente sin despegar los ojos del río.

―Te vienes conmigo esta noche —soltó el ladrón.

―No me joda. No tengo ganas de historias.

Un rayo de esperanza brilló en los ojos de André, pero, huraño, apartó la mirada del ladrón y buscó de nuevo las aguas del Sena.

―No se ría usted de mi. Yo solamente represento una carga para cualquiera. A mi edad…

―Eso no es verdad. En mi país a los viejos se los respeta, eh. Mis padres están muy lejos, mis hijos crecen sin la figura de un abuelo que le cuente historias y cuentos de esos…

―Para cuentos, los de usted. ¿Cómo me voy a fiar de un ladrón?

―Vente a mi casa. Mi esposa estará encantada de poner un plato más en la mesa, pero, por favor, no te tires ahí —dijo el ladrón señalando el río.

—Le repito que solo soy un… —La tos lo volvió a interrumpir y se llevó una mano al pecho.

—Nada, nada —dijo el ladrón tirándole de la manga—. Tú te vienes conmigo hoy. Y mañana…, ya veremos.

André se encogió de hombros, dejando que la corriente del río se llevara sus dudas. Alejarse de todo lo conocido lo llenaba de una extraña sensación de esperanza y unas ganas de aventura desconocidas. Quizás, lejos de la rutina, su mente volviera a fluir con la misma creatividad que antes.


LA MALDICIÓN

  Declaración del acusado: Juro por Allah, glorificado sea, que he visto a Mariam, la madre de Isa, parir bajo la palmera. Y doy este ...