Formamos de mañana en el patio del cuartel frente a nuestro centurión. Antes de eso cogemos nuestras armas en la Sede, el edificio central, donde tenemos la basílica. Después hacemos los ejercicios diarios en las explanadas y regresamos a nuestro cuartel.
Vivimos ocho legionarios en cada pequeño cubiculum dividido entre dos, dormimos en las literas y también tenemos el fogón para prepararnos algo de comer y calentarnos en el invierno. Comparto mi vida con siete compañeros, algunos de los cuales son de otros lugares del Imperio. Sin embargo yo soy de aquí, un galaico de la tribu de los Grovii que, después de pasar por las tropas auxiliares, acabé en la legión séptima gemina.
Cada uno tenemos nuestro turno, por lo que es raro que los ocho coincidamos siempre en nuestro cubiculum. Algunos vigilan las puertas de entrada de la gran muralla de este castra, otros hacemos rondas por el lugar. Un poco más abajo están construyendo una mansio viaria para los caminantes que transitan la Vía Nova, la XVIII entre Brácara y Astúrica. Debido a la construcción de esta vía y las diversas mansiones viarias para alojar a los caminantes, tenemos varios ataques y escaramuzas por parte de la tribu galaica local, los quarquernos. Nuestra misión es, entonces, repeler los ataques para permitir la continuidad de los trabajos.
Vamos armados y a caballo, muchas veces por parejas, por los diversos tramos de la vía hasta caer la noche. Vigilamos el tránsito de peregrinos y mercancías, como el oro y ese grano que acaba dentro de nuestros horrea para la administración del campamento. De vez en cuando nos toca el turno de noche frente a su puerta para evitar robos.
Este campamento militar, el Aquis Querquennis, que está localizado en la milla cincuenta y tres, entre Aquis Originis y Gemina. Tiene cuatro puertas donde se hace guardia y siete cuarteles o barracones que son los lugares donde vivimos. Allí cada centurión tiene una vivienda, cada uno en su barracón, y nosotros, los soldados, vivimos en los cubicula. Todos los cuarteles tienen un patio donde nos podemos sentar bajo los pórticos y un pozo.
En el centro, en la Vía Principalis está la Sede, donde hay un procurador y personal administrativo. Tiene unas pequeñas salas cerca de la entrada principal donde dejamos nuestras armas y nuestros escudos por obligación del procurador. Dentro de la sede tenemos la basílica, donde está la estatua del emperador en el podio más alto del centro, entre otras deidades. Tiene un patio con un pozo y zonas porticadas muy bonitas para pasear.
Los horrea, que son dos, están al lado de un cuartel, muy cercano a la puerta sur, por el camino de Aquis Originis. Allí se almacena lo que nos hace falta para nuestra manutención. Están rigurosamente vigilados y tienen un administrador cada uno. Son unos edificios poderosos, con grandes contrafuertes y gruesas paredes de piedra.
Las caballerizas están más allá de la Sede, hacia la puerta norte, por el camino a Gemina, además de una explanada grande que nosotros utilizamos para nuestros juegos cuando no tenemos que trabajar.
También tenemos un hospital, que está pegado por la parte trasera de uno de los cuarteles y al lado de los horrea. Tiene catorce cubicula y un patio porticado grande. Allí nos atienden los médicos romanos. El Imperio se esfuerza por mantenernos con salud, pues somos su principal activo.
Las letrinas están en una de las esquinas más cercanas al agua del río Lethes, más que nada porque es más práctico tenerlas ahí. Por un pequeño agujero en la muralla exterior entra y sale el agua necesaria para limpiarnos y para que los excrementos sean vertidos al río.
Fuera de la muralla hay varias casas y zonas de hornos donde se incineran a los muertos y se construyen urnas para meter sus cenizas. También fabrican ánforas, tégulas y otros utensilios de barro para nuestro uso.
Este lugar está al lado de un frondoso bosque de carballos y castaños, típicos de estas tierras. Más allá de la mansio viaria que se está construyendo tenemos un caldarium. Solemos ir allí para bañarnos en sus calientes aguas, pero sobre todo para disfrutar de nuestro tiempo libre.
Aquí cerca hay un pueblo en el que tenemos también otras cosas como las tabernae y un lupanarium para ir a pasar el rato, aunque a nuestro centurión no le gusta nada vernos llegar borrachos en nuestros días libres y al médico no le gusta vernos traer enfermedades de las prostitutas para el campamento. Así que prefiero ir al caldarium y no pensar que llevo tanto tiempo sin estar con mi mujer. En el campamento, salvo el centurión, nadie tiene sitio para instalar a su familia, así que, al final, mis siete compañeros y yo formamos una pequeña y heterogénea familia.
De vez en cuando nos dan permisos para visitar a la familia. Ese tiempo tan escaso procuramos aprovecharlo lo máximo posible. Nunca se sabe cuando saldrás herido o muerto y queremos vivir la vida lo mejor posible.
Y ya os he contado como es mi campamento. Aquí todos los días, o casi todos, son iguales y monótonos. Pero de vez en cuando tienes un sobresalto.
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