domingo, 10 de marzo de 2024

EL ÁNGEL DE LA TIERRA

 





Un ángel estaba encargado de velar por el destino de la tierra. Cada día observaba lo que sucedía en un país o en otro. Un disturbio aquí o allá, una guerra en un sitio o en otro, sacaba su flamante espada azul e intervenía junto a un ejército de serafines hasta poner punto final a esa guerra. Tenía gran experiencia como comandante de soldados celestes y durante siglos llevó a cabo esa honrosa misión.

Poco a poco, la gente del planeta se volvió más buena y pacífica y ya no era tan necesaria la intervención de este ángel y su ejército.

Sucedió que llegó un largo período de paz y el auge de las tecnologías de la información. Como cada persona, se abrió un perfil de Facebook, de Instagram, incluso de Tik Tok. Le gustó mucho que la gente le diera un “me gusta” a las fotos que colgaba en su Instagram y recibía mensajes de sus seguidores a diario, pero también comentarios hirientes de aquellas personas que no lo querían. Se esforzaba en colgar las mejores fotos, en escribir los mejores comentarios, en compartir cosas de otros perfiles y en hacer buenos vídeos de Tik Tok. Se colocaba en las posturas más fotogénicas y se ponía ropas que llamaban la atención, todo para conseguir mayor número de seguidores, e incluso, alguna mujer le declaró su amor.

Creo que estás descuidando tus deberes le dijo el ángel encargado de Marte.

Tranquilo, está todo controlado. La gente de la tierra es pacífica y bondadosa, salvo algunos que me critican por Instagram. No hay por qué preocuparse dijo el ángel de la tierra.

Se lleva mucho tiempo de paz, eso es cierto. Sin embargo, siempre es bueno estar en guardia.

Y lo estoy, amigo. Por las redes sociales puedo vigilar cómo están los ánimos de la población.

Haz lo que quieras dijo el ángel marciano, pero como la pifies verás a dónde te manda Dios después. Es capaz de mandarte a un planeta mucho peor, donde no tendrás reposo.

Bah, bobadas.

Se compró una Play Station y comenzó a jugar videojuegos.

Vaya, mira lo que me estaba perdiendo en el cielo se dijo.

Un día, después de visitar sus redes sociales se puso a jugar con la Play. Era su juego favorito, Mortal Kombat 11, y apenas sacaba la vista de la pantalla. Gritaba de excitación cuando ganaba alguna partida y daba fuertes golpes en la mesa, furioso, cuando perdía.

Un grupo de personas en la tierra se armaron hasta los dientes, como suele decirse. Abrieron túneles bajo la tierra, se hicieron con tecnología punta y atacaron a personas de otros países. Grandes matanzas sucedieron en muy poco tiempo y bastantes cosas horrendas más. Esa noche, mientras el ángel dormía, aquellas personas habían preparado todo lo necesario para hacer una gran carnicería por todo el mundo.

¡Despierta, oh, incauto! gritaba el ángel de Marte mientras le tiraba de la manga del pijama.

¿Qué pasa? dijo el ángel terrestre, somnoliento. Déjame dormir que me he acostado muy tarde.

El horror se extiende por el mundo como la lepra. Es necesario que luchemos contra el mal.

El ángel se levantó y encendió la televisión. La violencia se cernía sobre varios países del mundo y, a cada minuto que pasaba, más países entraban en guerra.

¡Oh, Dios mío! exclamó. ¿En qué momento…?

El ángel marciano estaba cruzado de brazos frente a él y, detrás de este, el ángel de Venus portaba una espada rosa en la mano.

Esta tragedia mundial no se gestó de un día para otro. Hemos de luchar dijo el venusino. ¡Tenemos que luchar por el triunfo del amor!

El ángel terrestre se vistió a toda prisa y se fue a la cocina. Abrió el frigorífico y sacó un cartón de leche, llenó la cafetera de agua y la puso al fuego.

Pero… ¿Qué haces? le dijo el venusino.

Necesito un café… Es que si no tomo el café de la mañana no soy nadie dijo el ángel terrestre.

Los otros ángeles se quedaron mirando el uno al otro.

Llama al ejército venusino, que yo acudiré con el marciano dijo un ángel al otro, y se fueron.

El ángel terrestre esperó a que la cafetera silbara, la tomó por el asa y derramó un poco de café en una taza. A continuación, agarró el cartón de leche y echó un pequeño chorro. Abrió la alacena, sacó el azúcar y también agregó una cucharadita. Removió y bebió a pequeños sorbos. De pronto, se escucha un gran estruendo en el cielo. Acordándose de su misión, tomó su espada azul y salió. Los serafines marcianos y los venusinos luchaban contra las tropas guerreras de la tierra con denuedo y energía. Grandes rayos salían de las espadas rosas y verdes. La gente de la tierra tenía miedo y se escondía en cualquier lugar que fuese, temblando, llorando, gimiendo…

Los serafines de las espadas azules acudieron y ayudaron a los demás a hacerse con los rebeldes. Cuando todo hubo acabado, un anciano se presentó en la puerta del ángel terrestre. Los ángeles encargados de Venus y Marte estaban con él. Con unas esposas ataron las muñecas del ángel terrestre y se lo llevaron a los cielos. ¿Su crimen? Haber dejado en manos de los bárbaros la gente inocente de la tierra y que tuvieran que intervenir ángeles ajenos a su jurisdicción. El anciano lo echó en un calabozo oscuro, pero limpio. Después de pasar meses ahí, el ángel de la espada azul sería encargado de un planeta de grandes simios violentos. Allí no tendría tiempo para perder en redes sociales porque nunca habría paz.


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