domingo, 10 de marzo de 2024

EL VALBANERA

 



Atardecía. Bajo la sombra de la torreta de Capitanía Marítima, en un pequeño pantalán flotaba un barco. Era un pequeño vapor de principios del siglo XX; un Titanic en miniatura. Ruymán y su abuelo se acercaron y se sentaron en un banco.

Ruy, ¿ves ese barco? dijo el abuelo.

Estoy aburrido de verlo, abuelo. Es el correillo.

Un barco como ese, más grande aún, fue el Valbanera dijo el viejo, señalando con el dedo.

Bah, y también el Titanic era mucho más grande…

A los jóvenes de ahora no os interesan las historias, pero el Valbanera… Ese si era un barco, a pesar de todo.

Ruy se balanceaba en el banco. El abuelo siguió, como si pensara en alto.

El Valbanera… Si… Menudo barco. Se hundió con casi quinientas personas a bordo.

¿Se hundió? preguntó Ruy con reciente interés. ¿Como el Titanic?

Pues si…

Ruy se fijó en el casco del barco. Sus grandes remaches lo impresionaron.

Si las chapas de los barcos de antes estaban juntas por esos tornillos tan grandes, es normal que el agua entrara dentro, ¿no?

Antes de la soldadura, todos los barcos estaban remachados, pero no entraba agua en ellos. El Valbanera también tenía sus remaches.

Vale… ¿Podemos irnos de aquí? dijo Ruy.

El abuelo meneó la cabeza, pero no se levantó del banco.

Mi padre compró un billete en ese barco. Tenía la ilusión de llegar a Cuba, un buen trabajo, buen dinero para la familia. Lamentablemente…

Ruy volvió a sentarse al lado de su abuelo.

Se hundió, entonces dijo el pequeño.

El Valbanera era un vapor con mucho porte, por aquel entonces. Fue fabricado en Inglaterra, como tu amado Titanic. Cubría la ruta entre Barcelona y las Antillas. Muchos, muchísimos canarios viajaron en él, hasta que le llegó el turno a tu bisabuelo.

Ruy volvió a ver para los remaches del barco.

Compró un billete en la Naviera Pinillos para ir a La Habana a buscar fortuna. El barco salía de Barcelona el 10 de agosto, pero hasta casi una semana más tarde no llegó aquí. Mi madre nos puso los trajes del domingo, los de ir a misa. Fuimos a despedir a nuestro padre que llevaba tan solo una pequeña maleta, un sombrero y una chaqueta americana. También era su traje de domingo. Subió por la pasarela diciendo adiós con la mano. Nunca más lo volvimos a ver.

Ah… —dijo Ruy, mirando el catamarán de la Fred Olsen que entraba en puerto.

Según me han dicho, el viaje ha sido tranquilo. Mi padre… Antes los barcos tenían varias clases… Mi padre iba en la cuarta, por lo que le dieron un lugar en el sollado. Era el lugar en el que más gente viajaba…

¿Y entonces qué pasó?

Pasó que mi padre cogió el billete para La Habana. Eso pasó. Si se hubiera bajado en Santiago de Cuba… Muchos canarios bajaron allí. Manolo, el de la tienda y Bencomo, el afilador, bajaron allí.

¿Y qué pasó entonces?

Bencomo y Manolo bajaron en Santiago de Cuba el día 5 de septiembre. Irían hasta la Habana por tierra. Según Bencomo, a él le dio un mal presentimiento y se bajó, a pesar del viaje tranquilo que llevaron. Pudo ver como el día 7 salía el Valbanera rumbo a La Habana. ¡Mala bruma lo acompañaba!

Ruy se giró para ver la cara de su abuelo.

Nos llegó una carta un mes más tarde. Mi madre se imaginaba que su marido ya estaba trabajando en la Habana y que pronto llegaría alguna remesa. Nada. Lo único que llegó fue la vecina, la mujer de Bencomo y el cura, con un sobre en la mano. Mi madre se sentó en una silla antes de que el cura le leyera en voz alta lo que había pasado con el barco.

¿Y por qué tuvo que ir el cura?

No sabíamos leer… Solo él y el señorito sabían.

Ah… Se me hace muy raro. Todos mis amigos y yo sabemos leer. Creo que todo el mundo sabe…

El abuelo parecía ensimismado en sus pensamientos. Ruy se calló al verse ignorado.

El Valbanera llegó a la Habana. ¡Vaya si llegó! El capitán Ramón Martín sabía que habría un huracán en la zona, pero decidió seguir a toda máquina para llegar a la Habana antes que el huracán. Le salió mal la jugada, aunque por muy poco.

¿Y entonces?

Entraba en el puerto de La Habana cuando se levantó un viento fortísimo. En una maniobra extraña, la cadena del ancla se quebró y el viento arrastró al vapor hasta casi las costas de Florida. Y allí, se hundió. Todos, pasajeros y tripulación murieron. Todos.

El abuelo tragó saliva.

Se dijo también que la armada de Estados Unidos sacó un submarino para localizar el barco. Solamente se veían los mástiles y pensaron que era un barco de madera antiguo. Lo dejaron estar. Más tarde se dieron cuenta de que era el Valbanera.

Cuando sea mayor quiero hacer submarinismo y bucear en el lugar donde se hundió el Titanic. Y además, si está cerca, también el Valbanera. ¿Tú crees, abuelo, que miraré a los muertos?

El abuelo miró para él en silencio. Ruy bajó la cabeza con la cara colorada.

Venga… vamos para casa. Tu abuela debe tener la cena lista dijo el viejo.

Ruy echó una última ojeada al barco y sus remaches, agarró la mano de su abuelo y, con la cara todavía colorada, caminó a su lado.

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