domingo, 10 de marzo de 2024

LOS PÁJAROS

 


Xanela había llegado temprano a casa encontró a su marido en la cocina preparando el te. Se encontraba mosqueada por un rumor que había escuchado en el mercado y, al parecer, era un secreto a voces… Sin embargo, ella no sabía qué creer, no podía ser verdad. Las mujeres ocultaban una risita al pasar por ella, los hombres… Los hombres parecían verla con pena… Calumnias infundadas, solamente eso. ¿Qué era lo que pensaban de ella? Vete tú a saber…

Entró en la sencilla cocina no sin antes dejar el abrigo y el bolso en el aparador. Jorge sacó la tetera del fuego y preparó dos tazas sobre la mesa.

¡Que bien que has llegado! dijo Jorge, sirviéndose un poco de te.

Mmmmm…

¿Has visto? Hace un día precioso, sobretodo porque no tengo que trabajar… Los pájaros cantan…

Ella se sentó ante la mesa y se sirvió un poco de te en un largo chorro humeante.

Parece que hoy no tienes nada que decir… bueno… está bueno el te. Eso es porque lo preparé yo, que si lo llegas a preparar tú

Xanela bebió un poco de té caliente. Si, estaba bueno…

Hoy hace un día precioso, precioso… mmmmm… ¿No oyes cantar a los jilgueros? Bueno, qué se yo, a lo mejor son ruiseñores…

¡Vaya si cantan!… dijo Xanela, muy bajo.

Claro que cantan… dijo Jorge acercándose a la ventana de la cocina.

Apartó un poco la cortina de la ventana y …

Con el día tan bueno que hace es que tienen que cantar… suspiró Jorge.

Se quedó un rato más mirando por la ventana hacia el jardín mientras Xanela se terminaba de beber el te.

Y sigues sin decir nada, escupe lo que te atraganta, mujer… Mañana iré a la librería… Encargué un libro sobre jardinería… Ya verás, este patético jardín se volverá tan bonito como si estuviera en un palacio real… Además, ahora que no tengo que ir a trabajar me pienso dedicar completamente a la jardinería… y quién sabe, a la agricultura. ¿Sabes? Voy a sembrar plantas de flor, sembrar… y rosales, muchos rosales… ¿Sabías que han patentado hace poco una especie de rosal sin espinas? Al parecer en Holanda…

Xanela se levantó de la mesa y llevó las tazas al fregadero.

Parece que has pasado una mala noche… dijo Jorge, desde la ventana. Bueno… mis noches son buenas… muy buenas algunas… o quizás durante el día, también bueno, bueno… Yo soy un hombre decente y nunca he dado que hablar pero… La nueva vecina que ha llegado… creo que viene de un país de esos, del norte… es muy amable. El otro día fui a pedir sal, ya sabes, se nos ha acabado, supongo que lo traerás del mercado… Es muuuuy amable, muy amable. Si… aunque su marido es un poco hosco conmigo. ¿Pero, qué le hice yo a ese hombre? En fin… vecinos raros… Pero ella es muy amable, me abrió la puerta enseguida… Y claro, yo entré… ¿Cómo no iba a entrar? … Hay que ser amable con los vecinos, querida, pero tú tienes una cara que pa qué…

Jorge se apartó de la ventana y dejó la fina cortina en su sitio. Xanela había terminado de lavar las tazas del te, se secó las manos a un trapo.

¿Entonces que…? dijo ella. Los pájaros cantan porque tienen que cantar…

Supongo que si, ya sabes la primavera…

Xanela salió de la cocina, pero antes de ir a su cuarto dijo:

Así que los pájaros cantan… ¿Y cantan bien?

¿A qué te refieres con eso? contestó Jorge.

Xanela se cruzó de brazos…

¿Acaso tú sabes algo? Digo si… pues eso…

Ella se encaminó hacia el cuarto con pasos rápidos, sacó la maleta de encima del armario y la tiró con furia sobre la cama. Jorge la siguió.

Pero, ¿qué haces? No te puedes irte así sin más… Nuestros problemas pueden arreglarse… mmmmm…

Xanela sacaba la ropa del armario y de las mesillas de noche, y en un momento, la maleta estaba hecha. Jorge la observó detenidamente y cuando Xanela tomó la maleta él la detuvo.

No te puedes ir así sin más… Este pueblo es demasiado pequeño, demasiado cerrado y demasiado monjil. Todo el mundo mete las narices en la vida de todo el mundo… A mi me han dicho muchas cosas… Y es posible que a ti también te digan algo… No debes hacer caso de sus burlas ―dijo Jorge meneando la cabeza―. Además son tiempos modernos… Y tú también eras bastante moderna cuando te conocí… Ya sabes… Hoy en día la iglesia y todo eso como que no… ¿Eh? … Y bueno… uno… uno a veces, pues…

Jorge se rascó la cabeza.

Bueno, quien dice uno también puede decir una… Que no solo es uno… supongo… ¿O no? En fin… este pueblo… La gente en este pueblo es muy envidiosa y seguramente les jode que a nosotros nos vaya tan bien en nuestro matrimonio… No debes irte, demuestra que nuestro matrimonio es robusto… eso… robusto. Además, una mujer decente no…

Una mujer decente merece un hombre decente o… ―dijo Xanela.

Tomó la maleta por el asa y la hizo rodar hasta la puerta.

Espero que recapacites en… ―dijo ella, y salió.

Jorge se asomó a la ventana para verla marchar.


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